Cuerno de ciervo…otra forma de dopaje

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La lucha por minimizar el tiempo de espera en una lesión es un propósito que tienen todos los médicos de los clubes deportivos del mundo. En esa búsqueda constante por innovar llegó hace unos años un sustituto que pronto sería tildado de ilegal, pero que sirvió en su día a muchos atletas y continúa siendo una solución clandestina a la que acudir en el caso de querer recuperarse a tiempo de una lesión, sobre todo si es muscular. Hablamos del cuerno de ciervo. 

Resulta que el cuerno de venado posee una sustancia llamada IGF-1, cuyos efectos son muy parecidos a los que pueda producir la hormona del crecimiento (HGH), pero que es mucho más complicada de detectar en un control antidopaje. De hecho, es prácticamente imposible hacerlo en la actualidad (solo a través de análisis de sangre). El IGF-1 tiene propiedades parecidas a la insulina, está asociada al cartílago y hace que los cuernos de los ciervos sean más duros en primavera. También está presente en los seres humanos y es un un producto natural que se llega a comercializar a modo de aerosol para propósitos sexuales o incluso para dormir mejor, pero que al llegar a manos de algunos deportistas se ha convertido en la ayuda necesaria para acortar los plazos de una lesión.

La empresa SWATS, que afirma abiertamente haber ayudado a jugadores de fútbol americano con dicha sustancia, asegura que “no es ilegal”. O que, al menos no debería serlo cuando se administra de forma natural, ya que en China se lleva este tratamiento desde hace más de 1.000 años. Ellos extraen hormonas de los ciervos de Nueva Zelanda, de los que aseguran que sus cuernos son “la sustancia del planeta que más rápido crece en la Tierra por la alta concentración de IGF-1 que contienen” y lo administran en un spray que se aplica durante 20 segundos en la boca.

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La Agencia Mundial Antidopaje la califica de ilegal porque permite al atleta recuperar el tejido muscular de forma más rápida de lo que lo puede hacer una persona normal en cualquier situación. De momento, este tipo de dopaje parece asociarse únicamente al mundo del fútbol americano, donde no hay controles sanguíneos y el dopaje está mucho menos controlado por discrepancias internas. Sin embargo, dejando a un lado el mundo paralelo en el que vive la NFL, ya se ha extendido al mundo del golf y también hay indicios de que los corredores de 100 metros lo utilizan para mejorar sus marcas, ya que también ayuda a aumentar la masa muscular. Sus han registrado mejoras notables en los últimos años que no se corresponden a las de otras disciplinas del mundo del atletismo.

Como sucedió con otros productos prohibidos que tardaron tiempo en ser detectados, su uso actual resulta toda una incógnita. La cantidad de deportistas que utilizan cuerno de ciervo se conocerá cuando haya la posibilidad de detectar la IGF-1 con más efectividad, pues está previsto que se hagan controles retrospectivos que afectarán a los Juegos Olímpicos. Con todo, parece que podamos estar hablando de una nueva forma de dopaje que trata de evitar los ya de por sí complicados exámenes de hoy en día.

Quizás, la próxima gran polémica que el deporte tenga que afrontar dentro de unos años.

Toni Ponce

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