Luz para cambiar nuestro comportamiento

La neurociencia ya ha averiguado que gracias a que las neuronas se comunican entre ellas a través de impulsos eléctricos, con ello crean nuestros pensamientos, recuerdos, sueños y emociones. Si fuéramos capaces de controlar esos impulsos eléctricos, podríamos conocer mejor cómo funciona ese mecanismo de creación del cerebro y, también, controlar nuestro comportamiento.

Eso mismo es lo que está logrando Gero Miesenböck, investigador de la Universidad de Oxford y el creador de la técnica llamada optogenética de apenas diez años de vida y con muchas posibilidades para el futuro.

La idea es cambiar genéticamente las neuronas para que respondan a la luz y que, al aplicársela, estas neuronas produzcan el impulso nervioso, activando un área concreta del cerebro. Para que las neuronas reaccionen frente a la luz, los científicos usan unas proteínas llamadas oxinas. Una de las oxinas viene de un alga y se activa con la luz azul; y otra de las oxinas es de una bacteria y responde a la luz amarilla.

Para conseguir implantar la oxina en las neuronas que deseamos, Miesenböck introduce en forma de virus el gen del alga y de la bacteria que determina la creación de la oxina. El virus llegará a todas las neuronas, pero la oxina solo será fabricada por el tipo de neuronas que nosotros hayamos decidido, gracias a una señal de activación que habremos implantado en el gen previamente.

El toque final de la receta es que la oxina para la luz azul activa las neuronas y la oxina para la luz amarilla las inhibe. Esto quiere decir que, aplicando luz azul, las neuronas que hemos seleccionado para que desarrollen las oxinas para la luz azul se activarán provocando un impulso eléctrico. Y, aplicando luz amarilla, las neuronas que hemos seleccionado para que desarrollen las oxinas para la luz amarilla se desactivarán, no transmitirán el impulso eléctrico.

El resultado es que podemos activar un circuito neuronal muy concreto a voluntad. Y como ya he mencionado, las conexiones neuronales son el origen una determinado acción, sensación o comportamiento. Así pues, podríamos modificar voluntariamente el comportamiento de un ser vivo.

Aunque la posibilidad de controlar la conducta humana a través de este método está aún muy lejos de hacerse realidad; estudiando animales así de simples se pueden extrapolar principios fundamentales sobre el funcionamiento de nuestra mente y de nuestro comportamiento.

“Todos nos engañamos pensando que hay alguien ahí, dentro de nuestras cabezas, un yo que nos hace ser como somos. Lo más probable es que no haya nadie ahí, solamente neuronas enviando impulsos eléctricos. Del concierto de impulsos eléctricos surge todo aquello que nos hace ser quienes somos” opina Miesenböck.

Rocío Ros Rebollo

Quant a Rocío Ros Rebollo

Nacida en un pequeño pueblo costero, criada por una familia trabajadora. A los 18 me marché a la maravillosa ciudad de Valencia para vivir tres años inolvidables en los que, además, me gradué como periodista; no sin antes poder disfrutar de un Erasmus en Bélgica donde, entre otras muchas cosas, pude añadir el francés a mi lista de idiomas, junto al inglés y el valenciano. Ahora, con veintipocos años, hago lo propio: buscar mi hueco. Espero que os den que pensar las palabras de este blog.
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