Proyecto Nim: el poder de una buena historia

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James Marsch lleva a la gran pantalla y en forma de documental la historia de Nim, un chimpancé elegido para un experimento sociológico: el Proyecto Nim. Su objetivo es averiguar qué resultados se obtienen al criar a un primate como un ser humano. El grupo de investigadores se propone enseñarle el lenguaje de signos y comunicarse por primera vez con un animal de otra especie. El experimento, que permitiría investigar la  lucha de fuerzas instinto versus cultura, condenará a Nim a una vida infeliz.

Proyecto Nim dista mucho del encorsetado tratamiento visual de los documentales convencionales. Unas cuantas fotografías, películas caseras y testimonios ante la cámara dan forma a la historia. Es una apuesta arriesgada, pero que funciona a la perfección. El resultado es un documental, donde el guión -la historia de Nim- acapara todo el protagonismo, pues Marsch no quiere que el espectador olvide que esta es una historia real, que Nim sufrió todos y cada uno de los abusos que vemos en pantalla.  El tratamiento de las entrevistas, neutro y oscuro, parece evocar una sala de interrogatorio, donde los personajes están solos ante la cámara y le confiesan sus crímenes. Y la frialdad de los planos se corresponde con la falta de empatía y sensibilidad con la que estos personajes trataron a Nim.

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Sin embargo, este montaje no consigue sólo que el espectador cuestione la moral de los científicos, sino también la suya propia. Escuchando la historia de Nim, es difícil no sentirse avergonzado como ser humano, pues el documental saca a relucir el lado despiadado de nuestra especie, reflejando cómo estos científicos manejan a su antojo el destino de Nim, decidiendo cuándo debe ser tratado como un ser humano y cuándo merece el trato de cualquier animal.

Tras el experimento, Nim, sin haber cometido ningún crimen, pasa largos años condenado en una celda. “Como chimpancé, no tienes manera de entender lo que está sucediendo. Simplemente, un día te privan de ver lo que hay ahí afuera”, reflexiona uno de los testimonios. Desde luego, la experimentación con animales está hoy mucho más regulada que hace tres décadas. De hecho, en marzo los medios se hacían eco de una buena noticia: la UE prohíbe definitivamente la venta de cosméticos probados en animales. Sin embargo, los abusos contra los primates siguen estando a la orden del día y aún es frecuente ver a Grandes Simios exhibidos en zoológicos –incluso en el Bioparc, ese moderno parque sin barrotes, que no es más que un zoo moderno. Ese 1% que diferencia nuestro ADN del suyo parece ser suficiente para comportarnos con estos primates de un modo que sería calificado como cruel si se ejerciera sobre un ser humano.

Afortunadamente, el destino de Nim cambia de rumbo gracias a la presión de los medios de comunicación, que consiguen que este chimpancé no se convierta en un animal de laboratorio al concluir el Proyecto. Del mismo modo, los medios pueden conseguir que la sociedad empatice con proyectos destinados a la protección de la fauna u otras causas medioambientales, mediante un tratamiento de la información original, llamativo y cercano. Es el caso de Proyecto Nim, una historia con el inusual poder de hacer recapacitar al espectador.

Marina Sanjuán. 

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