Parir es antinatural

Está claro que la mujer está biológicamente preparada para dar a luz. Biológica y físicamente -de ahí la existencia del útero, los ovarios, y demás extras-. Dar a luz es el último paso de la gestación, el momento final en el que esa nueva persona nace. Este momento, tan íntimo como natural, es entendido de diversas formas según el lugar en el que nos encontremos. En Holanda, por ejemplo, es costumbre preparar partos naturales en la propia casa de la madre. Una matrona se encarga de ir hasta ese lugar para asistir a la parturienta. En Londres existen clínicas construidas al lado del hospital. En ellas cada parturienta tiene un cuarto individualizado para moverse a sus anchas y dar a luz a su propio ritmo. En España, sin embargo, la cosa es bastante distinta. Un parto es, en la mayoría de los casos, algo parecido a esto:

Muchas mujeres, ajenas a todo el proceso que van a sufrir en el momento de dar a luz, aceptan sin rechistar las premisas que les dan los médicos y acatan fielmente las instrucciones. Pero, ¿es correcta la manera en que se tratan los partos en España? ¿O parir se acaba convirtiendo en algo antinatural?

La OMS ha dado varios toques de atención a nuestro país por desoír sus recomendaciones sobre el parto. Las mujeres españolas sufren en muchas ocasiones partos traumáticos y completamente medicalizados. Se ha instaurado en nuestra cultura la idea de que dar a luz es un trámite hospitalario en el que las mujeres parecen tener una sola función: empujar cuando se les ordena. El parto se convierte así en un suplicio para la madre, a la que no se le deja casi participar en un proceso que está teniendo lugar dentro de ella misma.

Pero comencemos por el principio, por cómo está situada la madre en el momento del parto. La OMS desaconseja la posición de litotomía -tumbadas- para las parturientas. Recomienda de hecho que sean ellas mismas quienes tengan la libertad de escoger la posición en la que estén más cómodas. Sin embargo, en la mayoría de paritorios españoles las mujeres están totalmente tumbadas, sin posibilidad de moverse o levantarse, y con las piernas en alto. Algo que facilita la visión del médico pero que dificulta la salida del bebé. Es una mera cuestión de física. Además, se les administra oxitocina sintética. Esta hormona ya es segregada por el cuerpo durante el parto, pero se les da mayor dosis a las mujeres para que el proceso sea más rápido; esto provoca también que las contracciones sean más seguidas y fuertes, lo que incrementa el dolor de las mujeres. Pero el momento final del parto es uno de los que causa mayor polémica entre los expertos: a muchas mujeres se les realiza una episiotomía -un corte en la zona del periné para facilitar la salida del niño-. Esta práctica no debe ser de “uso rutinario” según la OMS. De hecho, algunos expertos creen que se debería emplear en un 15% de los casos. En España, en el año 2005, se realizaban en el 60% aproximadamente. Y las desventajas de tal práctica son obvias: las mujeres tienen un corte en la zona vaginal, cosido con puntos, que en ocasiones deriva en feas y dolorosas cicatrices. Otro de los mayores problemas a los que se enfrentan las futuras madres españolas es el de las cesáreas. La cesárea no deja de ser una operación quirúrgica: en ésta, el bebé es extraído del útero materno sin pasar por el canal vaginal, lo cual hace que aumenten sus posibilidades de tener problemas respiratorios. Es un procedimiento necesario cuando el obstetra y la matrona así lo consideran, pero en las clínicas privadas españolas las tasas de cesáreas son el triple que en los hospitales públicos. La necesidad de todas esas cesáreas queda por tanto en duda. Por no mencionar la nueva moda entre los partos: la programación. Es decir, dar a luz cuando el médico y la madre acuerdan, no cuando el bebé está listo. Una práctica que han puesto de moda numerosas famosas y que resulta claramente perjudicial para el bebé, que es sacado de su entorno seguro antes de tiempo.

Con todo este panorama, no es de extrañar que dar a luz de miedo, en España por lo menos. Parir se ha convertido en muchas ocasiones en un proceso doloroso que muchas mujeres seguirán recordando con amargura durante el resto de sus vidas. Es obvio que los partos tienen que llevar un seguimiento médico, pero no debemos olvidar que es un proceso natural que la mujer, en la mayoría de las ocasiones, es capaz de afrontar por si misma. Devolvamos entonces a las madres la autoridad y el control sobre sus propios partos. Porque una mujer dando a luz en un hospital es para una matrona o un ginecólogo una más de tantas que pasarán por allí. Pero para ella será una de las experiencias más pletóricas y extremas que vivirá en su vida. Respetemos su derecho a vivirla como quiera.

Andrea González Garrigas

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