Las nuevas especies de los mares españoles

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El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente decidió en 2009 cumplir con el objetivo establecido por la UE de crear una amplia red europea de espacios protegidos y se lanzó al estudio de cerca de 3’6 millones de hectáreas marinas repartidas en 10 áreas distintas de la región Atlántica, Mediterránea y Macaronésica para conocer a fondo las profundidades marinas españolas e incluir dentro del prestigioso catálogo Red Natura 2000 las zonas de mayor valor biológico. Los resultados, presentados esta semana en Madrid,  han sorprendido a todos las instituciones (públicas y privadas)  que durante cerca de tres años han estudiado los ecosistemas y hábitats de profundidad, a cetáceos, tortugas y aves oceánicas –todos ellos considerados preferentes por la UE­–.

El proyecto LIFE+ INDEMARES, coordinado por la Fundación Biodiversidad y responsable de la detección de las zonas marinas susceptibles de integrarse en el catálogo, no sólo ha permitido que España aumente en los próximos años de forma notable sus aguas protegidas, sino que además ha concluido con una importante sorpresa para la gran cantidad de científicos que lo integran: la enorme cantidad de especies nuevas para la ciencia que albergan las aguas españolas. De hecho, en prácticamente todas las áreas estudiadas se han encontrado nuevas especies marinas no estudiadas previamente por la comunidad científica o que al menos no se habían dado nunca antes en esas regiones.

Uno de los ejemplos más llamativos es de la isla de Alborán en el Estrecho. Sólo allí se han identificado, como aseguró durante la presentación el director de la Fundación Biodiversidad, 13 especies que se creen que son nuevas para la ciencia, aunque los estudios comparativos aún no han sido concluyentes; 10 especies que no se habían localizado nunca antes en el mar Mediterráneo y otras 193 que han podido ser vistas por primera vez en los entornos de Alborán.

Aunque esta no es la única sorpresa con la que se han encontrado los biólogos marinos. Las aguas de Lanzarote y Fuerteventura esconden uno de los lugares más importantes y de mayor riqueza para los cetáceos; y sólo en el Cabo de Creus, en el Mediterráneo, los expertos han sido capaces de catalogar más de 3.000 especies diferentes, casi una tercera parte de todas las que se conocen en este Mar. Y con anécdotas incluidas: la superabundancia de algunas de las especies que en esta zona se han considerado como nuevas para la ciencia ha provocado que muchos de los pescadores de los alrededores hayan sido los que han explicado a los científicos sus características y  sus nombres “populares”.

Lo que parece evidente, en cualquier caso, y como reconocen los expertos del Instituto Español de Oceanografía, es la enorme importancia que ha tenido para los ecosistemas marinos españoles el poder estudiar la profundidad de las aguas con “las mejores tecnologías disponibles y sistemas de prospección no intrusivos que no dañan los espacios estudiados”.  Y, por supuesto, el ejemplo más evidente de lo mucho que se ignoran las aguas españolas. De hecho, fue esta convicción la que impulsó al Gobierno hace ahora casi cuatro años a incrementar el estudio de las profundidades. Como dato, un 27’13% del territorio español forma parte de la Red Natura 2000, unas 15 millones de hectáreas. Sin embargo, sólo un millón corresponden a superficie marina. En 2020 esta cifra puede haber aumentado, por suerte, hasta las casi 5 millones de hectáreas.

Carla G. Ricarte

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